Nadie sabe para quien trabaja.
Zorrilla tagarnillera, hácese muerta por asir la presa.
Los ojos se han hecho para ver, las manos para tocar.
De algo murió mi abuela.
La esperanza es como el azúcar en el té. Aunque es muy poca, todo lo endulza.
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
Al amo que honra, el criado bien le sirve.
Olla cada día, aún siendo buena hastía.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Jugar la vida al tablero.
Secreto entre mujeres, secreto no eres.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Saber no va en las canas, ni valor en barbas.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
Rostro de horno, piernas de río y tetas de frío.
Más ordinario que una monja en guayos.
Ni tengo padre, ni madre, ni perro que me ladre.
Si los escritos desaparecen la nación desaparecerá, si los escritos son brillantes la nación es excelente.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
Cazador y cazado confían en Dios.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Quien se fía de un lobo, entre sus dientes muere.
Suegra, ni de barro es buena.
La cortesía exige reciprocidad.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
De cien en cien años, vuelve el río por sus andamios.
El amor materno es el bien más grande de la vida, de esta forma cada uno, por muy pronto que muera, participa del bien mayor
En Octubre de la sombra huye, pero si sales al sol, cuida de la insolación.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Casa de pan tierno, casa sin gobierno.
Si alejas el combustible, alejas el fuego.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
El vino hace reír, hace dormir y los colores al rostro salir.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
Señal fija de agua, verla caer.
Dar consejo y el vencejo, ese sí que es buen consejo.
El agua derramada es difícil recogerla.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
El que del campo viene, cenar quiere.
El que exprimió su limón que se tome su agrio.
Ofrecer el oro y el moro.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Hablar a calzón "quitao".
Si quieres saber de verdad qué piensa de ti tu vecino, riñe con él.
Más envejecen las penas que las canas.
La mujer finge más que miente; el hombre miente más que finge.