¿Usted qué come que adivina?
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
No eches más leña al fuego.
Camarón que se duerme amanece en el mercado.
Si las vigas de arriba están mal, las de abajo otro tal.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Cacera y pesquera, a la vejez piojera.
Si te pica un alacrán, las campanas a repicar.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Dar un cuarto al pregonero.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
El tiempo es como tu bolsa: no la pierdas y tendrás suficiente
Qué inflama rápidamente,se extingue pronto.
Al desdén con el desdén.
Día vendrá que tenga peras mi peral.
Jugar a dos barajas.
En la desgracia habita la felicidad y en la felicidad se oculta la desgracia.
Como quien no quiere la cosa, y la cosa queriendo.
Agua, agua, que se quema la fragua.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Hablar de la edad y del dinero es conversación de arrieros.
Cuando Mariquita quiere para todo se da maña.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Haré, haré, más vale un toma que dos te daré.
No seas mono, porque te bailan.
Boñiga de Abril, tira manchas mil.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Quien hizo una, hará ciento.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Cuando el invierno primaverea, la primavera invernea.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Cada uno en su casa es rey.
En mi huerto te crié, de tu fruto nunca comí, los milagros que tú hagas, que me los cuenten a mí.
Mala señal de amor, huir y volver la cara.
Buenas y mejores, por falta de seguidores.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
El corazón engaña a los viejos.
Espéjate para que veas cómo eres.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Quien de esperanzas vive, de hambre muere.
Idos y muertos es lo mesmo.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.