No pica la abeja a quien en paz la deja.
Más perdido que Adán el día de la madre.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
El ruin de Roma, en mentándolo asoma.
El que vive de prestado, algún día es encuerado.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
Fíate del santo y no le prendas vela.
Ruego de grande, fuerza es que te hace.
Desde que se hicieron las excusas nadie queda mal.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
Comer y rascar todo es empezar.
Bolsillo vacío, trapo le digo.
Cuenta tus faltas y deja las ajenas.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
No tengas miedo de una pequeña curva para enderezar una recta.
Agua de turbión, en una parte pan y en otra non.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
No hay mula que no patee, ni mujer que no lo de.
Del agua mansa te guarda; que la brava hace su ruido y pasa.
Dijo la sarten al cazo: "no te acerques que me tiznas".
Para amigo, cualquiera; para enemigo, quien quiera.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
No des el grito de triunfo antes de salir del bosque.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
Gota a gota, la mar se agota.
No hay mejor espejo que el amigo viejo.
Allá vayas, casada, donde no halles suegra ni cuñada.
A veces podemos hacer mal por una buena razón.
Marido muerto, otro al puesto.
El humo al suelo, agua en el cielo.
En tiempo de campaña, apaña.
Cuando menos te lo esperas salta la liebre.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
Callemos, que el sordo escucha.
Mil amigos son demasiadamente poco; un enemigo es demasiadamente mucho.
Buenas razones cautivan los corazones.
Fuego guisa hoya, que no moza orgullosa.
A braga rota, compañón sano.
Antes de hablar, pensar.
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
Bobos van al mercado cada cual con su asno.
El asno que se cree ciervo, al saltar se despeña.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
El consejo a posteriori es como la lluvia tras la cosecha
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Con dinero en bolsillo, buen jamón y cochinillo.
No se hablar, y me mandas predicar.
La mujer y la burra, iguales de testarudas.