Año de brevas, nunca lo veas.
Abre la boca que te va la sopa.
Las aguas mansas son las peores
En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
A los tontos no les dura el dinero.
A falta de caballos, que troten los asnos.
A batallas de amor, campo de plumas.
De amores el primero, de lunas las de enero.
ala mier........ los pastores que la pascua ya paso
Pan es pan, jalea es jalea, no hay amor sin una pelea.
Hecha la ley, hecha la trampa.
Más doblado que carpa de camión.
No da un tajo ni en defensa propia.
Amores añejos acaban con los pellejos.
Los extremos nunca son buenos.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
Tras cada pregón, azote.
Los muertos y las visitas a los tres días apestan.
Más raro que perro verde
Viejos los cerros y reverdecen
Me gustaría hacer todo lo que hizo el muerto, menos morirme.
A burra vieja, albarda nueva.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
Cojo con miedo, corre ligero.
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
A flores nuevas, afeite perdido.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
Si en septiembre comienza a llover, otoño seguro es.
Lo que no acaece en un año, acaece en un rato.
En enero no te separes del brasero.
De pequeña centella se levanta el gran fuego.
Nadie es tan viejo que no piense vivir otro año.
En enero, enciende la abuela el brasero.
Quien se ha cansado bajo el sol del verano, que se guarde del sol del invierno y se caliente al calor de la chimenea
Mal año o buen año, cuatro caben en un banco.
A marido ausente, amigo presente.
Quien lengua ha, a Roma va.
Hay tres cosas que nunca vuelven atras: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.
Juramentos de amor y humo de chimenea, el viento se los lleva.
Año bisiesto, año siniestro.
Diez años la seguía y ella no lo sabía.
Lo bien hecho bien parece.
A pan duro, diente agudo.
Más ven cuatro ojos que dos.
Gato escaldo del agua fría huye.
Febrerillo loco, un día peor que otro.
Nunca es mal año, por mucho trigo.
Cada uno limpia la nieve delante de su casa sin preocuparse de la escarcha en el tejado ajeno.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.