El bien, de lejos viene; pero el mal, cerca lo tienes.
El buen paño dentro del arca se vende.
La buena lavandera, su camisa la primera.
¿Zurría la panza? Pide pitanza.
Conozco al viajero, por las maletas.
A quien mucho miente, le huye la gente.
Lo que no pensé antes de hablar, después de hablado me da que pensar.
De árbol enfermizo no esperes fruto rollizo.
La presa que robó el gato, no vuelve jamás al plato.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Cuando llueve y hace sol, sonríe Nuestro Señor.
Cuando pudieres trabajar, no lo dejes, aunque no te den lo que mereces.
Quien hace un cesto hace cien.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
El melón, largo, pesado, escrito y borrado.
No te deseo suerte porque esto no es lotería, el que sabe sabe y el que no, que Dios lo bendiga.
Cara de melocotón, de niño y no de hombrón.
Mas vale tener un amigo, que un saco de reales.
Los hombres ganan la hacienda, y las mujeres la conservan.
No quiere música Roque, ni hay tampoco quien la toque.
A buen viento, mucha vela pero poca tela.
Cada gusto cuesta un susto.
Por fornicar y andar desnudo no matan a ninguno.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Échele leche al sapo, antes que él se la eche.
Mal se juzga al caballo desde la silla
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Casa sin mujer, de casa no tiene nada.
Entre lo feo y lo hermoso, deme Dios lo provechoso.
Hoy domingo y mañana fiesta, buena vida es esta.
Razón no requiere fuerza, ni fuerza requiere razón.
Por rico que sea un hombre, ha menester al pobre.
¡Ay putas, y como sois muchas!.
Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
Al pobre desnudo le valen más dos trajes que uno.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Cuando hablares, cuida qué, cómo y de quién, dónde, cuándo y con quién.
Cantad al asno y soltará viento.
De aquella me deje Dios comer, que en Mayo deja los pollos y comienza a poner.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
El arroz, el pez y el pepino, nacen en agua y mueren en vino.
La edad no juega ningún papel, a no ser que se sea un queso.
El dueño del perro no obedece a su perro.
Cada vez que el murmurador charla, echa abajo una acera de casas.
Abrir al hombre y dar lugar por donde le entren al melonar, sería necedad.
La verdad que daña es mejor que la mentira que alegra.
Olla quebrada, olla comprada.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.