Uno de los mayores placeres de la vida es hacer aquello que los demás dicen que no podemos hacer.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
La mujer y las tortillas, calientes han de ser.
Año bisiesto, echan en ganados el resto.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
A roma va, dinero llevará.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.
Al mal torero, hasta los cuernos le molestan.
Eso es regar fuera del tiesto.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
Las grandes penas no se quejan.
El amor es una hierba espontánea
Esta es la opinión del cuco, pájaro que nunca anida, pone el huevo en nido ajeno y otro pájaro lo cría.
Amigo viejo, tocino y vino añejo.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
El perro no come perro, ni el gorgojo come fierro.
Ajo dulce ni leño sin humo.
Los ricos viven de sus millones y los pobres de sus ilusiones.
No menosprecies al cachorro débil, podría convertirse en un tigre feroz.
?Más vale morir en vino que vivir en agua?, le dijo el mosquito a la rana.
La escama de los besugos puede ser nuestro verdugo.
Predicar en desierto, sermón perdido.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que ponen manos a la obra.
De Navidad a San Juan, año cabal.
San Simón y San Judas, mata los puercos y tapa las cubas.
No contrates de barbero, a quien fue tu prisionero.
Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
Socorro tardío, socorro baldío.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.
Aguardiente, en tienda; y vino en taberna.
A causa perdida, mucha palabrería.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
La mala cama hace la noche larga.
Rama larga, pronto se troncha.
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Viento, mujer y fortuna, mudables como la luna.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
Quien bebe recio, apura media azumbre en el almuerzo; y si un poco se descuida, otra media en la comida.
Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido.
En dimes y diretes, mal harás si te metes.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Maldigo el diente que come la simiente.