A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
El chofer que no es perito, no maneja sino el pito.
No es pobre el que poco tiene, sino el que quiere.
Bendita la muerte, cuando viene después de bien vivir.
Hasta una aguja, caída, bien paga la recogida.
Muchos vi morir de hart y Ninguno de flat.
Las leyes van, a donde quieren los reyes.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.
A donde va la gente, va Vicente.
Cargos son cargas; las menos, dulces, las más amargas.
Cuando mengua la luna, no siembres cosa alguna.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
El que un bien gozar espera, cuando espera, desespera.
Llueve sobre mojado.
Lo que no se conoce no se apetece.
Hace más la raposa que la curiosa.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Decir bien y obrar mejor.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de Dios.
Mucho apretar, listo aflojar.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
Lo que de noche se hace, de día se ve.
A la luz de la candela, toda rústica parece bella.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Higos y nueces no se comen juntos todas las veces.
No oigo, soy de palo.
El que asno nace, asno se queda.
Al tonto se le conoce pronto.
A secreto agravio, secreta venganza.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Hasta el final nadie es dichoso.
De los hijos, el que muere, el más querido.
Ojo al Cristo que es de plata.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
A mala lluvia, buen paraguas.
Bien se puede creer, pues jura y no revienta.
La mejor fraternidad es la desgracia.
O jugamos todos, o se rompe la baraja.
Moza dominguera no quiere lunes.
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Ni tan adentro del horno que te quemes, ni tan afuera que te hieles.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.