Cuando comieres pan caliente, no bebas de la fuente.
Chico hoyo hace el que se muere apenas nace.
Por San Martín siembra el ruin.
Más valen amigos en la plaza que dineros en el arca.
A pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Los placeres más dulces no están exentos de dolor
El que teme a sufrir, sufre de temor.
Al que no fuma ni bebe vino, le huele la boca a niño.
Felicidad y cristal: ¡cuán fácilmente se quiebran!
Fuíme a santiguar y saltéme un ojo.
Fuerza sin maña no vale una castaña.
Quien no mira el derrotero, es majadero.
Con dinero en el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
El amigo, lo escojo yo, el pariente, no.
Las novedades son la sal de la vida.
A boda y bautizo, no vayas sin ser llamado.
No sabe lo que se pierde quien no bebe con lo verde.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja.
Una alegría esparce cien pesares.
Comida que mucho hierve, sabor pierde.
Quien tiene pies, de cuando en cuando da traspies.
Cochino matado, invierno solucionado.
El que asno se fue a Roma, asno se torna.
En casa del músico, todos saben cantar.
No tocar pito.
Cargos son cargas; las menos, dulces, las más amargas.
Quien monta un tigre corre el riesgo de no poderse bajar nunca.
Palo de nogal, quiebra costilla, no hace señal.
Los mejores consejos, en los más viejos.
Cabeza loca no quiere toca.
El juez perverso, condena a la paloma y libra al cuervo.
Más vale la sal, que el chivo.
A todo porco lle chega o seu san martiño.
Corta despacio, que hay poco paño.
Mas vale tener mal burro que ninguno.
Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
Gran tormenta mucho espanta, pero pronto pasa.
Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Proverbios 3:1-2
El que se fue a la villa, perdió su silla y el que se fue a Torreón, su sillón.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
De buen caldo, buenas sopas.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
Quien da lo que tiene, a pedir se queda.
La lluvia por San Lorenzo estropea los higos.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.