Buen año de miel, que van los zánganos a por agua.
Tranquilidad viene de tranca.
Al amigo y al caballo, no hay que cansarlos.
El que no chilla, no mama.
Hiciste como Blas, ya comiste, ya te vas.
En los meses de erre, en piedra no te sientes.
A lo hecho, pecho.
Si carero asado cenó, no preguntes de qué murió.
Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar.
La mentira nunca muere de vieja.
Recuerda que vives en la sombra de tu vecino.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Con ballestrinque y cote no se zafa ningún bote.
Quien se ha cansado bajo el sol del verano, que se guarde del sol del invierno y se caliente al calor de la chimenea
Las palabras mueven, los ejemplos arrastran.
Más vale mala suerte y buena muerte que buena suerte y mala muerte.
Bebe leche y bebe vino, y te conservarás lechuguino.
Aprovéchate gaviota que no te verás en otra.
Si no fuera por el "si" y el "pero", ¿quién dejaría de tener dinero?
Voy a por tabaco. (Cuando un marido se separaba de su mujer. Durante el franquismo; no estaba permitido el divorcio).
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
El puente solo se repara cuando alguien se cae al agua.
Caballo que ha de ir a la guerra, ni le come el lobo, ni le aborta la yegua.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
Araña de día, carta o alegría.
De boca para fuera.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
En verano, no hay cocinero malo.
Gran tormenta, a los débiles amedranta.
Untar la carreta para que no chirrié.
Una persona supero proteccionista tien infortunios (tener cuidado excedente invita desgracias).
Mucho escuchar y poco hablar buena fama te han de dar.
Bueno para en plaza, malo para en casa.
Toda desgracia es una lección.
En enero, cada oveja con su cordero.
La carne ha bajado y los pulmones han subido.
La mujer del marinero, cuando hay pesca, tiene dinero.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
En las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño.
Con promesas no se cubre la mesa.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Cuando Mariquita quiere para todo se da maña.