Ser lento en dar es como negar.
El hombre cuando da su cigarro, por la ceniza vuelve.
El día que arda la enramada, se verá la llamarada.
Sabiduría y desengaños, aumentan con los años.
Amigo que quiere mi capa es ladrón de solapa.
Razón y cuenta, amistad sustenta.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
El que ve el cielo en el agua ve los peces en los árboles.
Desgraciado se vea quien a los suyos desprecia.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo mío bebo.
Un cuerdo entre locos, ellos se tienen por cuerdos y a él le tienen por loco.
El hombre nació para morir, es mortal.
La Luna cercada, de lluvias cargada.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Según San Andrés, el que tiene cara de tonto, lo es.
A río crecido, sentarse en la orilla.
Comiendo pan y morcilla, nadie tiene pesadilla.
Nadie da sino lo que tiene.
Pedir peras al olmo.
Los ojos brillan al patrón cuando encuentra un tontorrón.
Agua estantía, renacuajos de día.
Mal ganado es de guardar doncellas y mozas para casar.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo.
Es mejor sudar que temblar
Viejo que paga compañía, mantiene tres casas en un día.
Cada cual decía del amor que tenía.
Dar una fría y otra caliente.
Más le quiero mozo y pobre que no viejo que se doble.
Quien te aconseja comparte tu deuda
Condición de buen amigo, condición de buen vino.
La felicidad no es cosa de risa
El diablo no sabe por diablo, sino por viejo.
A donde va la gente, va Vicente.
Cuando el hombre ha agotado las mentiras, encuentra la verdad en el nuevo saco
El hijo del judío a fraile se ha metido.
Eso son otros veinte pesos.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Si mi barba se quema, los otros vienen a encender su pipa en ella.
No hay pesares ni regocijos en la casa donde no hay hijos.
En guerra los estados, los libros cerrados.
Aceituna cordobí para boca toledana no vale un maravedí.
Otros más lerdos mandaron regimientos.
Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a tí.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Doncellita, ¿a quién querrás?. A quien me quiera llevar.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.