Al perro muerto, échale del huerto.
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Al pan, pan. Al vino, vino.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
Otoño entrante, barriga tirante.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Nunca tiene razón quien no tiene dinero.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Nunca llueve a gusto de todos.
En nochebuena y en Navidad, la brasa de casa más caliente está.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Quedarse sin el chivo y sin el mecate.
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
Aunque veas pleito ganado, vete con cuidado.
Dos negaciones afirman, pero tres confirman.
Las vírgenes pasan muchas Navidades, pero ninguna noche buena.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
Gato escaldo del agua fría huye.
A donde las dan, allí las toman.
Juan Segura vivió mucho años
Hasta la muerte, todo es vida.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
En la vivienda del pobre la casa siempre es enorme.
A otra cosa mariposa.
Más vale una mala boda que un buen entierro.
Olla con gallina, la mejor medicina.
¿Mirón y errarla?.
Peor que pulga en la oreja
Tarde piaste pajarito.
Por el árbol se conoce el fruto.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
El ojo del amo engorda el ganado.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
A buen comer o mal comer, tres veces beber.
Canas y dientes, son accidentes; arrastrar los pies, eso sí es vejez.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
En el amor y en las luxaciones las recaídas son frecuentes
En otoño la mano al moño.
Ser lento en dar es como negar.
Si te dijeren dos veces que eres asno, rebuzna.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
A las flores les pedimos que tengan perfume. A los hombres, educación.
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.