Da vino por vino y pan por pan, y todos te entenderán.
No puedes privar alagua de correr y a los perros de ladrar.
La tierra será como sean los hombres.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Cuando moco, moco, cuando cana, cana.
Para que el chico se haga pillo, meterlo de monaguillo.
En Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Cuando los santos hablan, licencia de Dios tienen.
La crianza aleja la labranza.
Oveja chiquita, cada año es corderita.
Come, duerme y engorda, y si te llamaren, hazte la sorda.
Completar (uno) el número de flautistas sin saber tocar la flauta.
Más refranes hay que panes; y cuando no tengo pan, pido consuelo a un refrán.
Ninguno que beba vino llame borracho a su vecino.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
La práctica hace al maestro.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
Nadie se meta donde no le llaman.
Agua beba quien vino no tenga.
La moda no incomoda.
El que nace para buey, hasta cuernitos le salen.
Cualquiera puede caer por descuido en el heroísmo
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Pan y vino andan camino, que no mozo garrido.
Si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.
Más ordinario que un cementerio con columpios.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
Con cuatro que obedezcan, uno que mande.
Para decir la verdad, poca elocuencia basta.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
El de las piedras hace pan.
El tiempo enseña más que cien maestros de escuela.
Para el catarro el jarro, y si no se quita, la botellita.
Si nuestro corazón es una rosa, vuestra boca dirá palabras perfumadas.
Uno a meter y otro a sacar, el primero ha de llorar.
De la panza sale la danza.
Cabeza loca no quiere toca.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
Metí gallo en mi gallinero, hízose mi hijo y mi heredero.
Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre.
Al catarro, con el jarro.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
Ríete de lo de aquí abajo y manda el mundo al carajo.
Ha de salir la corneja al soto.
Salud sin trabajo, campana sin badajo.
Cada cual a lo suyo.
Vamos arando dijo la mosca sentada arriba de los cachos del buey.
Que dulce queda la mano al que da.