Un corazón tranquilo es la vida del cuerpo
La felicidad es una cosa monstruosa y los que la buscan son castigados
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
Bien guisa la moza, pero mejor la bolsa.
Porque los loros no tienen médicos, viven siglo y medio; que si los tuvieran, cincuenta años no vivieran.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Con dote de mujer pocos llegaron a enriquecer, y muchos a envilecer.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
Más chuletas y menos servilletas.
En la necesidad se conoce la amistad.
A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.
Hasta las gatas quieren alpargatas para no andar a gatas.
Hay tres cosas que nunca vuelven atras: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.
El hambre aguza el ingenio.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Una mano lava la otra, y ambas lavan la cara.
Vida que es una mierda poco importa que se pierda.
Lo que para ti no quieres, para otro no desees.
Al bobo, múdale el juego.
A cada cosa le llega su tiempo.
Abril, lluvias mil.
Del jefe y del perro viejo, mejor cuanto más lejos.
Cuanto más amigos más cuentas.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Pan ajeno nunca es tierno.
El que no habla, Dios lo hizo mudo.
El que mucho corre, pronto para.
El futuro brota del presente, que tiene su semilla en el pasado.
Quien se enamora sin dinero y se sulfura sin poder es un infeliz
¡Qué lindo don Diego, si no fuera muerto!.
Faltriquera abierta, el dinero se vuela.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Cuando la rana críe pelo, serán los cojos buenos.
Ninguno más fama tiene que la que darle quieren.
Si el mozo supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese.
El que mucho escoge poco coge.
Bien aprende quien buen maestro tiene.
Estar en tres y dos.
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
Cuando la liaga florece, el hambre crece.
Para cazar chirulís, hay que tener chirulís en la trampa
Dos cabezas piensan más que una.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Aceite para las espinacas y vino del de la tinaja.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Puerco que no grita cuchillo con el.
Después de vendimiar siempre sobran cestos.