El sabio calla, el tonto otorga.
Mujer hermosa, soberbia contenciosa.
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
No gozar para no sufrir, es la regla del buen vivir.
Ahí está la madre del cordero.
Acabándose el dinero, se termina la amistad.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Duelos me hicieron negra, que yo blanca era.
El río, por donde suena se vadea.
Vanamente piensa quien sin Dios hace la cuenta.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Antes del alivio viene el arrepentimiento.
Yerra, y no poco, el que discute con un loco.
La fiera de más fiereza, no es el tigre, es la tigresa.
El beber es hidalgo, y el comer es villano.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
Cada día, su pesar y su alegría.
Que mis enemigos sean fuertes y bravos, para que yo no sienta remordimiento al derrotarlos.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
Pleito y orinal llevan al hombre al hospital.
Mujeres y vino hacen que los hombres pierdan el tino.
Darás con la cabeza en un pesebre.
Cara de enferma y culo de sana.
No saber ni torta.
El hombre tiene un origen y un destino... A menos que lo recuerde, perderá ambos.
El sueño quita el hambre.
De día no veo y de noche me espulgo.
Madre hay una sola.
Quien mal casa, tarde enviuda.
Buena fiesta hace Miguel, con sus hijos y su mujer.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
No maldigas la oscuridad, enciende la vela.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
Barba a barba, vergüenza se cata.
La mujer del ciego, ¿para quién se afeita?.
El malo mundo está y peor se pondrá.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Asno de dos, válgale Dios.
El hijo borde y la mula cada día se mudan.
No hay nada que a Dios se resista, ni que se esconda a su vista.
Amor de corneta, de diana a retreta.
El último en llegar, con la más fea le toca bailar.
Depende de cómo caigan las cartas
Las deudas son las mayores enemigas de la prosperidad.
Un amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que la llamen.