La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
Los carpinteros dan forma a la madera; los flecheros dan forma a las flechas; los sabios se dan forma a sí mismos.
Solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.
Mejor un amigo con siete pecados que un extraño
El cebo oculta el anzuelo.
En el sendero nuevo, camina lentamente.
La ventura es paño que poco dura.
Al que va a la bodega, por vez se le cuenta, beba o no beba.
La sal no es atacada por las hormigas.
Del mal que el hombre teme, de ése casi siempre muere.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
No te de Dios pleitos, aunque tengas derecho.
No busques la amistad de quienes tienen el alma impura; no busques la compañía de hombres de alma perversa. Asóciate con quienes tienen el alma hermosa y buena.
Más perdido que Adán el día de la madre.
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
La burla, para quien le gusta.
El viento y la marea no esperan a nadie.
El que algo debe, no reposa como quiere.
Una sola mano no aplaude.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Es más vago que la quijá de arriba.
Chocolate que no tiñe, claro está
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
El dar limosna nunca mengua la bolsa.
El aprendizaje es un tesoro que seguirá a su dueño a todas partes.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
A quien de bueno viene, por bueno se le tiene.
El que veló, sondó y desconfió, jamás se perdió.
Mal apaña quien no engaña.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
Quien carece de camisa, no está obligado a ir a misa.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Para verdades el tiempo, y para justicia Dios.
Bautizar es dar nombre, menos al vino que se lo quita.
Caras vemos, corazones no sabemos.
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
Cree el político que los demás son de su misma condición.
Descansa el corazón, contando su pasión.
Al sonar el pedo, solo queda un rostro serio.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Pesar compartido, pronto es ido.
Haciendo y deshaciendo se va aprendiendo.
En el molino hacen falta dos piedras, en la amistad dos corazones
Caro compró el que rogó.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Hablar, no cuando puedas, sino cuando debas.
El poder y el esplendor, embriagan más que el licor.
No hagas leña del árbol débil, haz palillos.
Lo que la naturaleza no te da Salamanca no te lo presta.