Hay que ver para creer.
Ave de mal agüero, a mi vera no la quiero.
Deja la bola rodar, que ya parará.
Cuando bebas, no manejes; se te puede dar vuelta el vaso.
Boi que remoe, nada lle doe Buey que rumia, nada le duele.
Cuanto más hacienda dejes, más esperada es tu muerte.
De los vanos temores nacen todos nuestros daños.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
El muerto es del mar cuando la tierra lejos está.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Hay que llevar dos sacos, uno para llevar y otro para recibir.
Vivir cada uno como querría morir, ése sería buen vivir.
Si amas algo, déjalo libre. Si regresa es tuyo.
A lo que se quiere bien, se castiga.
No hay cosa más fría que las narices de un perro y el culo de la mujer.
Dios tiene una caña muy larga que a todas partes alcanza.
Promesas de enamorados son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir.
Ni mula con tacha, ni mujer sin raza.
Llenar el tarro.
La cama guarda la fama.
Oveja que mucho bala, poco mama.
Caballo viejo no aprende trote nuevo.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
Naipes, mujeres y vino, mal camino.
Haces mal, espera otro tal.
Vale menos que lo que costó bautizarle.
Obra hecha, dinero espera.
Voy a gobernarles por leyes fijas, entonces el descanso y la felicidad prevalecerán en el mundo
Bestia buena, se vende sin ir a la feria.
Puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
Entre Pinto y Valdemoro. (Frase utilizada en España para a alguien que duda).
Abogacía que no zorrocía.
El perezoso que acaba de comerse una banana, pregunta: ¿Puede plantarse la piel?
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Muerte, no te me Achégate, que estoy temblando de miedo.
Botas y gabán encubren mucho mal.
Oveja cornuda y vaca barriguda, no la trueques por ninguna.
¿Qué echa al hombre de casa? Humo y mujer brava.
No te cases con mujer de manos grandes porque todo lo que le des le parecerá chico.
Por numerosos que puedan ser los meandros del río, acabará por ir a parar al mar.
A galgo mojado, liebre enjuta.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
Como vives, juzgas.
El muerto delante y la griteria atrás.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Malo va al que arrastran, aunque vaya en serón nuevo.
De esta capa nadie se escapa.
Muerto es quien ya no jadea, y vivo es quien patalea.