No lleves leña al monte.
Esta bien que sea el encaje; pero no tan ancho.
El que nació para estropajo, no sale del fregadero.
El espantajo solo dos días engaña a los pájaros; a los tres, se cagan en él.
Responder al airado luego, es echar leña al fuego.
Estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo.
Flaco hombre, mucho come.
No avivés a los giles que después se te ponen en contra.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
¿Adónde irá el buey que no are, sino al matadero?.
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
A cada santo le llega su día.
Barba roja, mucho viento porta.
Ponga agua en su vino.
Cuando se trate de damas, no te vayas por las ramas.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
De refranes y cantares, tiene el pueblo mil millares.
El amor y el niño, donde les muestran cariño.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
El amor es para los hombres el estado natural del alma
La ocasión hace al ladrón y el agujero al ratón.
Burro que gran hambre siente, a todo le mete el diente.
Al amigo con su vicio.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
A sordos y ciegos hace testigos el dinero.
Consulta a tu mujer y haz lo contrario a lo que te aconseje.
El que porfía mata venado.
Amistad no probada, no es amistad ni es nada.
Hasta lo bueno cansa, si es en mucha abundancia.
Al que madruga Dios le ayuda, si madruga con buen fin.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
Barájamela más despacio.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
Si sale con barbas, San Antón y si no, la Purísima Concepción.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
El que puede y no quiere, cuando él querrá no podrá.
La cosa bien pensada jamás es errada.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Porfía mata venado, que no venablo.
La abeja de todas las flores se aprovecha.
Quien guarda halla, y quien cría mata.
La mujer te cambia hasta el modo de caminar.
La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
Ningún burro se queda calvo.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
Iba en su yegua y preguntaba por ella.
Quien no tiene en que mear, se levanta y va al solar.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Comenzar es la mitad de cualquier acción.