Casa de concejo, pajar de viejo.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Malo un rico empobrecido, peor un pobre enriquecido.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Hombre hablador, poco cumplidor.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Amor, tos y dinero, llevan cencerro.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Callen barbas y hablen cartas.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
En invierno y en verano ganaderos y hortelanos.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
Nadie se meta donde no le llaman.
El borracho, aunque turbio, habla claro.
Los buenos modos agradan a todos.
Los hipócritas suelen engañarse más a si mismos que a los demás.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Hijos crecidos, trabajos llovidos. Hijos casados, trabajos doblados.
Decir es de charlatanes; hacer es de hombres formales.
Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
Haz favores y tendrás enemigos.
Paciencia y barajar.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
Quien compra lo que no debe, vende lo que duele.
Junta de cuatro, junta del diablo.
Los amigos, el aceite y el vino deben ser viejos
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Las cosas bien pensadas, bien acertadas.
Mediado enero, mete obrero.
Padres viejos, hijos huérfanos.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
Para prosperar, vender y comprar.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Zapatero en su banquilla, rey de Castilla.
Zapateros y sastres que no fueran embusteros, no serían sastres ni zapateros.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
Harto da quien da lo que tiene.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.