A grandes cautelas, otras mayores.
Males comunicados, son aliviados.
A los 60 pocos hombres conservan su herramienta, y es por regla general, que desde los 50 anda mal.
Muerto el último árbol, muerto el último hombre.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Gaviotas en el huerto, temporal en el puerto.
El que quiera vivir poco, y ese poco con dolor, tome a la noche naranja y a la mañana limón.
El Rey es poco para su porquero.
No necesito niguas para ser tishudo.
De noche madrugan los arrieros.
Zanahoria y nabo, buenos casados.
El sabio es menospreciado y el necio rico estimado.
De las aves, la perdiz, y de las mujeres Beatriz.
Bodas largas, barajas nuevas.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
La mujer y la gallina, pequeñina.
Variante: Si la envidia fuese tiña, ¡qué de tiñosos habría!.
Mujer ventana, poco costura.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
El hijo borde y la mula cada día se mudan.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
A la vejez, viruelas.
Mujer, Huerta y Molina, piden uso de continuou.
Ávila, santos y cantos.
Buenas costumbres y dineros, hacen de los hijos caballeros.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Gente de navaja, poco trabaja.
No hay más mala gente que hombres y mujeres.
Quien más tiene, menos suelta.
De bobos y bobas se hinchan las bodas.
Indio que quiere ser criollo, al hoyo.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
Hablar poquito, y mear clarito.
La familia pequeña, vive mejor.
si bebes el agua, sigue la costumbre.
Burlas pesadas, ni para viejas ni para casadas.
Benavente, buena tierra y mala gente.
Ofrecer el oro y el moro.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.
Faldas largas, algo ocultan.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
A nadie le huelen sus peos ni sus hijos les parecen feos.
La ruana no hace al arriero, ni el vestido al caballero.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
El que fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos tras el altar.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
La mona aunque se vista de seda, mona se queda.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.