Madrastras, reniego de ellas y de su casta.
El que no aprende es porque no quiere.
Una sola araña cien moscas apaña.
En ausencia de la bella, sus encantos van con ella.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Ser bueno lo manda Dios, y aparentarlo es mejor.
De puta vieja y de tabernero nuevo, guárdenos Dios.
Allega, allegador, para buen derramador.
Quien se va lejos, vivo está y le tienen por muerto.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Si no sabes sonreír, no pongas tienda. (Confucio).
La que fácil llega, fácil se va.
La envidia sigue a los vivos, y a los muertos el olvido.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Solo tres tipos de personas dicen la verdad: los niños, los locos y los borrachos
El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido como quiera.
No hay fiera más fiera que el que ingrato sea.
Orden y medida, pasarás bien la vida.
Todo tiene un fin.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
Están separados, como el agua y el aceite.
Juez con prisa, juez que yerra.
Bebe para olvidar, pero no te olvides de pagar.
Falso por natura, cabello negro, la barba rubia.
Quien no atiende lo que tiene, es mejor que lo enajene.
Uno trabajando y cuatro mirando, el caminos está arreglado.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Más vale oler a asno que a muerto.
El que tonto se fue a la guerra, tonto volvió de ella.
Socorro tardío, socorro baldío.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
En aguas donde hay piraña, muy pendejo quien se baña.
Cuantos más gatos más ratones.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
Jugar y perder bien puede suceder.
La hermosura, revuelta, mas la fea, ni compuesta.
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
Tres fanegas bien labradas dan más que siete arañadas.
Jugar la última carta.
Aunque suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro.
Cuando hablares, cuida qué, cómo y de quién, dónde, cuándo y con quién.
Mas vale viejo conocido que nuevo por conocer.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
Todos los perros son valientes en su propia puerta.
La mejor hora de comer, para el rico, cuando quiere; para el pobre, cuando puede.
De cada diez hombres favorecidos, cinco contentos y cuatro desagradecidos.
El mal que no es durable, es tolerable.
Dar la última mano.
Quien tenga tiempo que no espere