El que sabe que es un loco no está muy loco.
Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra.
Lo nuevo guarda lo viejo.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
De lo que no sabes, no hables.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
Albarcas, borona y mujer, cerca de casa están bien.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Cuando fueres a concejo, acuerda en lo tuyo y deja lo ajeno.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Amistades conserva la pared medianera.
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
Gente pobre no necesita criados.
El servil es tu enemigo, tu amigo debatirá contigo.
¿Quérellas?. Huye de ellas.
Más de un hombre amanece con el día que no verá morir.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
El que pestañea pierde.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
Tan sano es el trabajo, como en la sopa el ajo.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
¿Qué haces, bobo?. Bobeo: escribo lo que me deben y borro lo que debo.
Cazador y cazado confían en Dios.
Más vale que se pierda una casa que no dos.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Las leyes son como las telarañas que atrapan a los mosquitos y dejan pasar a las avispas.
A "idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.
Cuando un tonto coge una verea, ni la verea deja al tonto ni el tonto deja la verea.
Los hijos de mis hijas, mis nietos son. Los de mis hijos, sábelo Dios.
Malo es quien es bueno por interés.
Nada complicado da buen resultado.
El que más habla es el que más tiene por qué callar.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Hijo de pobre y ternero de rico, no mueren.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
Hay que empujar, porque vienen empujando.
El mejor perro, el de casa; la mejor mujer, la del vecino.
Leer y no entender es como cazar y no coger.
Intimidad, con ninguno; trato, con todo el mundo.
Reírse de la vida para que la vida no se ría de uno.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Como te cuidas, duras.
No muchas cosas bien aprendidas, sino pocas y bien asbids.