Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
Agua vertida, mujer parida.
Gatos, pollos y corderos, de los primeros.
Más vale aliento de madre que leche de ama.
Cumple con tu deber, aunque tengas que perder, si dichoso quieres ser.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Desdichas y caminos hacen amigos.
El danzante tiene cuatro chiquitillos y todos son danzantillos.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
De ovejas blancas, nacen corderos negros.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
Hombre chiquitín, alcahuete y saltarín.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
El que está cerca de la vaca, algo mama.
Enfermo que bebe y no mea el diablo que se lo crea.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Lluvia y sol, bautizo de zorro.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Quien bebe tras la cocina, dé una higa a la medicina.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Necio por natura y sabio por lectura.
Cazador y cazado confían en Dios.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Están cortados por la misma tijera.
Idos y muertos es lo mesmo.
Trabajo hecho de paso, ayuda en más de un caso.
No hay linaje sin putas ni muladar sin pulgas.
Al que quiera saber, mentiras a él.
Nacer de pie.
Dios no ayuda a los holgazanes.
Vergüenza y virginidad, cuando se pierden, para la eternidad.
Lo que unos inventan, los otros lo aumentan.
El que se casa, por todo pasa.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
El sueño y la muerte hermanos parecen.
Ladran, pues cabalgo.
Cada hombre deja sus huellas.
De casa del abad, comer y llevar.
A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.
Cada uno es artífice de su ventura.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Al son que me hicieres, a ese bailaré.
Casa sin madre, río sin cauce.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.