Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues siempre es otro río y otra persona.
La primera señora, la segunda escoba.
Se dice el pecado, pero no el pecador.
La mujer en el hogar es reina a la que hay que amar.
Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer.
El hoy aquí está; el mañana, ¿quién lo verá?.
Para comer tortilla, hay que romper huevos.
Pedir más es avaricia.
Hasta el saber rebuznar tiene su poquito que estudiar.
Come, que de lo yuyo comes.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Ningún ladron quiere ser robado.
Jamás olvidó el que bien amó.
Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
Boda en mayo ¡Qué fallo!
El hombre pone y la mujer dispone.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
A buen juez, mejor pastor.
El ladrón empieza robando un alfiler y llega a robar un imperio
A pobre viene quien gasta más de lo que tiene.
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Dios hizo la curación y el médico se llevó los agradecimientos.
Solo se tiran piedras contra el árbol que da frutos.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
Confesión espontánea, indulgencia plena.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Mejor es el varón prudente, que el fuerte.
La nariz y la frente, hasta la muerte siempre crecen.
Quien va a la bodega y no bebe, por beber se le cuenta.
Leerle a uno la cartilla.
Burlas suaves traen burlas graves.
Junio brillante, año abundante.
Al amigo con su vicio.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
Al hombre valiente, espada corta.
Dueña que mucho mira, poco hila.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Todos dan consejo y pocos lo toman.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
Unos saben lo que hacen y otros hacen lo que saben.
Hasta lavar las cestas, todo es vendimia.
La mujer y la gallina, pequeñina.
Hombre avisado, medio salvado
El joven puede morir, pero el viejo no puede vivir.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Dale más de lo que pueda regresar, y al amigo perderás.
Boca abierta, dientes de oro.
Uñas de gato, y cara de beato.