Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!.
El aburrimiento lo padecen aquellos que no han vivido nada o han vivido demasiado
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
Indios y burros, todos son unos.
A nadie le huelen mal sus pedos, ni le parecen sus hijos feos.
Los héroes que saben sacrificarse mejor, son los que mejor saben matar
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Hombre bermejos, ni de cerca ni de lejos.
Hombres de noche, muñecos de día.
El que pestañea pierde.
Las cosas se parecen a sus dueños.
El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Los tontos, si callan, lo parecen menos.
La distancia hace a las montañas más azules.
La lluvia no se queda en el cielo.
Favor de señores y temporal de Febrero, poco duraderos.
Estos son polvos de aquellos lodos.
Un antiguo amor nos atormenta como la caries de un diente
Entre bueyes no hay cornadas.
Parientes y señor, sin ellos se está mejor.
Esto está en chino.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Quien langosta y caviar quiera, que afloje la billetera.
En invierno y en verano ganaderos y hortelanos.
Hay hombres que no beben, porque ser indiscretos temen.
Reyes y mujeres no agradecen.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Amores reñidos, los más queridos.
Todos son unos, muertos y difuntos.
La felicidad y el arco iris nunca se ven en la propia casa, solo en casa de los demás
Años nones son los peores.
A este son, comen los del ron, ron.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.
Abuelos y tíos cuando están tendidos.
Cuando los Estados Unidos estornudan, Europa se acatarra.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Los buenos recuerdos duran mucho tiempo; los malos, más todavía.
A mi, mis timbres.
¡Se nos creció el enano!
A nadie le amarga un dulce.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
Mallorquina, puta fina
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
Niños y viejos, todos son parejos.
Más enredado que un kilo de estopa.
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.
Las chicas enamoradas y los contrabandistas conocen los atajos