Ligero como el ave de San Lucas.
El que habla de la mar, en ella no suele entrar.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
El que ríe el último, ríe mejor.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Despacio, que llevo prisa.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
El que manda, manda.
El que tienes más saliva, come más hojaldres.
Albacete, caga y vete.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Hay que poner tierra de por medio.
Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos.
Casa sin moradores, nido de ratones.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Las palmas son más altas y los burros comen de ellas.
Buen moro, o mierda u oro.
Las ideas están exentas de impuestos.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Labrador que siembra a la vera, Ventura será si el pan a la troje llega.
Carne de cochino, pide vino.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
A palabras vanas, ruido de campanas.
Enemigos grandes: vergüenza y hambres.
Amor trompetero, cuantas veo tantas quiero.
El más gallardo señor, también peé de mal olor.
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
En casa pobre, pocos cuentos.
Para cruzar un río y dar dinero, nunca seas el primero.
A tal señor, tal honor.
Eso dicen las malas lenguas y la mía que no es tan buena.