Más confío en el trabajo que en la suerte.
Lo que es igual, no es trampa.
Quien desparte lleva la peor parte.
Lo que se hace aquí, se paga aquí.
Entre locos me metí, y lo que sea de ellos, será de mí.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
Cada mozo lancee su toro.
Más vale que sobre que no que falte.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
Poco freno basta, para la mujer casta.
El borriquito delante, para que no se espante.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Bodas en Mayo, males las llamo.
Esperando marido caballero, lléganle las tetas al braguero.
Hijos y hogar, son la única verdad.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
En Tosantos tal y cuanto, y en San Andrés no preguntes de qué bota es.
Amores de lejos no son parejos.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
Desvélate por saber y trabaja por tener.
Para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.
La suerte es de quien la tiene.
Favorecer, es por norma perder.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Al viajero, jamón, vino y pan casero.
A quien se mete a redentor, lo crucifican.
Cada uno halla horma de su zapato.
Corrido va el abad por el cañaveral.
El que busca las escogidas, se queda con las raídas.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
La fe no tiene miedo.
Al ingrato con la punta del zapato.
Quien primero viene, primero tiene.
Tarde piaste pajarito.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
Pan, uvas y queso; saben a beso.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Muchas veces los amos son los mayores sirvientes en la casa.
Por los reyes lo conocen los bueyes.
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
De desagradecidos está el infierno henchido.
El mejor perro, el de casa; la mejor mujer, la del vecino.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
El que da, recibe.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.