La zagala y el garzón, para en uno son.
Hijo de viuda, o mal criado, o mal acostumbrado.
La burra no era arisca pero la hicieron.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Buenas palabras, cantar de cigarras.
Donde reina la mujer, el diablo es primer ministro.
Cuando el bien te sale al encuentro, mételo dentro.
El dolor embellece al cangrejo.
La flor de loto asoma inmaculada del fango.
La glotonería acaba con muchos.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
Quien al escoger, mucho titubea, lo peor se lleva.
El tiempo es oro y el que lo pierde tonto.
El que tiene sed, busca agua.
Nunca les falta que hacer ni al cura, ni al diablo, ni a la mujer.
La duda es la llave del conocimiento.
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
La que adoba no es María, sino la especiería.
Navarro, ni de barro
El que hoy te compra con su adulación mañana te venderá con su traición.
En la desgracia habita la felicidad y en la felicidad se oculta la desgracia.
El diablo solo tienta a aquel con quien ya cuenta.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
Más ata pelo de coño que maroma de barco.
Ron, ron; tras la capa te andan.
Gran poder tiene el amor, pero el dinero mayor.
Fruta desabrida, no es apetecida.
El borriquito delante, para que no se espante.
Muestra gran respeto por tu semejante.
No te creas caballero porque te llamen don Dinero.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
Más enredado que un kilo de estopa.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
Hombre estudioso, vale por cien perezosos.
A barco viejo, bordingas nuevas.
A Dios se dejan las cosas, cuando no tienen remedio.
De la madre la gran ciencia, es tener mucha paciencia.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Entre una mujer hacendosa y hacendada, la primera más me agrada.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
La sabiduría es como una mujer legítima, no permite otra mujer en su casa.
Las visitas son como los pescados, que a los tres días ya huelen.
La venganza es el platillo que sabe mejor frío.