Da lo suyo al dueño y gozarás de buen sueño.
Del monte sale, con que se arde.
El que de mañana se levanta, en su trabajo adelanta.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
El que muere, se libra de lo que debe.
La buena lavandera, su camisa la primera.
La espina cuando nace, la punta lleva delante.
Bestia buena, se vende sin ir a la feria.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Del desconsuelo al consuelo no va ni un pelo.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
Lo nuevo guarda lo viejo.
El que a feo ama, bonito lo ve.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
Acertar a la primera no se ve todos los días.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
Según serás, así merecerás.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Tenga yo salud, y dinero quien lo quisiere.
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
Carga que con gusto se lleva, no pesa.
A barba muerta, poca vergüenza.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
El que no corre, vuela.
Puerta de villa, puerta de vida.
Rotas las raíces del loto siguen unidas sus fibras.
Palabra de cortesano, humo vano.
La barriga llena da poca pena.
Ser un mordedor de pilares
¡Cuando querrá Dios que un real se vuelva dos!.
El interés dueño del mundo es.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
El papel puede con todo.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
El perro con rabia, de su amo traba.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
Donde hay buen vino y la tabernera es guapa, allí se me caiga la capa.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
El queso pesado, y el pan liviano.
Vaca ladrona no olvida el portillo.