La espina cuando nace, la punta lleva delante.
Gallina que al gallo espanta, córtale la garganta.
Hijos tienes, nueras tendrás, cuando te descuides en la calle te verás.
Dan el ala para comerse la pechuga.
El que venga atrás que arree.
Nadie toma lo que no le dan.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano.
No hay puta sin ladilla, ni ducha sin pajilla
Lo quiere como la mula a la carreta.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
Bandera vieja, honra capitán.
Los casados, casa quieren.
El que muere, se libra de lo que debe.
Los infortunios que no pueden evitarse, deben endulzarse.
El Diablo no se harta de romper suelas.
No es por el huevo, sino por el fuero.
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
El hombre que se respeta, no besa sino en la jeta.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
Ser capaz incluso de atar al diablo a una almohada.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Del agua fría el gato escaldado huye.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
Cada día gallina, amarga la cocina.
La muerte es imprevisible.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Incauto fui, hasta que cayendo aprendí.
Que no te den gato, por liebre.
En Abril, huye de la cocina; más no te quites la anguarina.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Ni sábado sin sol, ni moza sin amor.
Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.
La costumbre vence a la ley.
El amor entra con cantos y sale con llantos.
Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero.
No me digais que un gran hombre no llora nunca. Un gran hombre llora, pero sus lágrimas son furtivas.
Poca carne y mucha pluma, nada en suma.
Vino de viñas viejas, qué bien te tomo y qué mal me dejas.
El, por vía de compadres, quiere hacerme la hija madre.
Ayatola no me toques la pirola.
Cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos.
La que de comer con su marido rehusa, no está en ayunas.
En martes, y tu hijo cases, y tu cerdo mates.
Bota vacía la sed no quita.
Algún día cogerá la zorra cabrito.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.