Quien a hierro hiere, a hierro muere.
Quien bien ata, bien desata.
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
La boca hace deudas, pero los brazos pagan.
La lengua es el azote del culo.
Cada gallo canta en su gallinero, y el que es bueno, en el suyo y en el ajeno.
No hay mudanza que pueda bien hacerse sin dosis buena de templanza.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
La leña verde, mal se enciende.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
De lengua me como un plato.
Antes de comer, unos vasitos has de beber, y comiendo, otros vasitos seguirás bebiendo; más después de haber comido, aún no te sentarán mal otros vasitos.
Para el tiempo que me queda en el convento, me cago dentro.
Los perfumes más sutiles, no se venden por barriles.
Carrera que no da el caballo, en el cuerpo la tiene.
El trabajo mata al asno, pero no mata al amo.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas.
Más enseñan las manos que los labios.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
El ceder es a veces la mejor manera de vencer.
Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene? ¿por qué te preocupas?
Cartera y reloj, el sueño del ladrón.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Es más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la humanidad
Vieja que baila, mucho polvo levanta.
Quien algo quiere ser, algo ha de comprender.
Uno piensa el bayo, y otro el que le ensilla.
Cuando llueve y hace sol, baila el perro y el pastor.
De lejos parecen y de cerca son.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
El que nace postrero, llora primero.
Si no dejas de esculpir, lograrás tallar obras de metal y piedra.
Cuida bien a tu amigo y no menosprecies a tu enemigo.
Si quieres participar de la olla ajena, que la tuya no tenga tapadera.
En Marzo tira el pastor el zarzo.
Tiene suficientes riquezas el que no pide prestado ni tiene que adular a nadie.
Que quiera, que no quiera, el asno ha de ir a la feria.
Corazón codicioso, no tiene reposo.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Más bien duerme el deudor que su acreedor.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
Un buen mozo y un abad no pueden cargar a un asno contra su voluntad.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
Una espina en el ojo.
Rey nuevo, ley nueva.
Quien hace malas, barrunta largas.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
De las ciencias y las artes, solo es enemigo el ignorante.