De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Te pido hojas y me traes ramas.
Sol de invierno caliento poco.
El tiempo es una lima que muerde sin hacer ruido.
El tiempo descubridor de todas las cosas.
Copa de madroño, chisporrotea y quema el coño.
Quien siembra, siega.
Sobre mojado, llueve.
De Dios viene el bien, y de las abejas la miel.
Poda tarde y siembra temprano, si errares un año acertarás cuatro.
Cada pez en su agua.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Llueve a cargas, que hecho está donde caigas.
Cada uno con su humo.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Pasará, sea lo que sea.
El papel que se rompa él.
Roma, acuerdos y locos doma.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Toma y daca.
A mi, mis timbres.
Hablara yo para mañana.
Calle mojada, caja cerrada.
Cuando las ranas críen pelos y los sapos orejas.
Araña muerta, visita cierta.
Quien sube como palma baja como coco.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
A viña vieja, amo nuevo.
Navidad en viernes, siembra por donde pudieres.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Para el solano, agua en mano.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
Albaricoques de Churriana, unos caen hoy y otros mañana.
Hija que casas, casa que abrasa.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
A las obras me remito.
Cerco en la luna, agua en la laguna.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.
Dos andares tiene el dinero: viene despacio y se va ligero.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
Norte claro, sur oscuro, aguacero seguro.
Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer.
Que cada cual espante sus pulgas.
Secreto bien guardado, pliego lacrado y sellado.
Hay que darle tiempo al tiempo.
Dar en el clavo.