Obispo por obispo, séalo Don Domingo.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
Por la sotana del vicario sube la moza al campanario.
A buen juez, mejor pastor.
Sin padrino no hay bautizo.
El cura, cuando muere un rico, mata un buen cochino.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
El fraile se muda, el mozo se casa, el casado se cansa y se va a su casa, el clérigo dura.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Conforme ven el traje, tratan al paje.
Qué buen siervo, si hubiera buen señor.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Dicen que es bonito el cura, tal sea su ventura.
Dineros de sacristán, cantando se vienen cantando se van.
Palabra dada, palabra sagrada.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Mas papista que el Papa.
Con los curas y los frailes, buenos días y buenas tardes.
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
La misa, dígala el cura.
Mal acomodado es desnudar un santo para vestir a otro.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Cuando el Diablo envejeció, a santero se metió.
A buen santo te encomiendas.
El que vive de favores, sirve a muchos señores.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Roban un cordero o dos, y dan los pies por amor a Dios.
Oficio merdulero, criar al hijo y después al nieto.
Con una misa y un marrano hay para todo el año.
Putas y frailes andan a pares.
Fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro.
Le quieren enseñar al padrecito a rezar el Padre Nuestro.
Clérigo de noche, villano en gavilla y gitano en cortés, lejos los tres.
La nobleza del señor hace bueno al servidor.
Por San Pedro, cada pastor con su rebañuelo.
En la casa del cura siempre hay hartura.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Hombre de muchos oficios, maestro de ninguno.
A padre avaro, hijo pródigo.
Nunca les falta que hacer ni al cura, ni al diablo, ni a la mujer.
El cura de la aldea, por él venga lo que desea: que mucha gente se muera.
Con agua de malvavisco, se cura hasta el obispo.
Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
El fraile, la horca en el aire.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
Lo que es del cura, va pa la iglesia.
Cada uno es maestro en su oficio.