El caballo conoce por la brida al que lo guía.
Lo que has de odiar o querer, debes antes conocer.
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
La ignorancia es pasajera, el conocimiento es perdurable.
A jugar y perder, pagar y callar.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
Se aprende poco con la victoria, en cambio, mucho con la derrota.
Llegar y pegar es mucho acertar.
Cada uno se apaña según tiene maña.
La sabiduría viene de escuchar, de hablar el arrepentimiento.
No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tampoco sabes lo que te has estado perdiendo hasta que lo encuentras.
Caminar sobre seguro.
Labrar en barbecho, es labrar necio.
El que mide el agua al charco es el que lo conoce.
Perder por probar al socio, nunca ha sido mal negocio.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
Bebe vino y come queso, y sabrás que es eso.
Con la paciencia llega la comprensión.Con la comprensión llega el conocimiento.Con el conocimiento llega el poder.
No es mal sastre el que conoce el paño.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
El que de nada sabe, de todo se unta.
En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos.
Las mujeres sin maestro saben llorar, mentir y bailar.
Nadie debe avergonzarse de preguntar lo que no sabe.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
Ante un acuerdo, cuídate de que una de las partes no quede con la espada y la otra con la vaina.
Hombre precavido, sabe el horario del marido.
Por la muestra se conoce el paño.
Abarata, tendero, y ganarás más dinero.
El silencio es el muro que rodea la sabiduría.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
Querer sanar es media salud.
Más vale onza de prudencia, que arroba de ciencia.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Escucha lo que ellos dicen de otros, y sabrás lo que ellos dicen de ti.
Creerse incapaz de algo, es casi ya serlo.
Aprende bien a callar, para que sepas hablar bien.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
Aprende, aunque sea a coces y bofetones.
El que veló, sondó y desconfió, jamás se perdió.
Cada cual sabe lo que carga su costal.
Nunca se acuesta uno sin saber unas cosa nueva.
Como el espigar es el allegar.
Quien tiene las hechas, tiene las sospechas.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Los hombres prudentes aprenden con los errores de otros; los tontos por los errores propios.
Lo que hace el necio a la postre, eso hace el sabio al principio.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.