Quien mocos envía, babas espera.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Amor comprado, dale por vendido.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Suelo mojado, cajón seco.
Oir a todos, creer a pocos.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
Burro empinado, por hombres es contado.
Mata, que Dios perdona.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
Se queja más que la llorona.
Hombre difamado, peor que ahorcado.
Al que come bien el pan, es pecado darle carne.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
Nadie da lo que no tiene.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
Más vale que sobre que no que falte.
A brutos da el juego.
Vísteme despacio que estoy de afán.
Madrastras, reniego de ellas y de su casta.
Me importa un bledo.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Duro de cocer, duro de comer.
El buen paño dentro del arca se vende.
El que pierde y dice que no lo siente, es un puto, ladrón, cornudo y miente.
Al mal tiempo, buen paraguas.
Por casa del mal vecino se meten el hambre y el frío.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
El ciego y el ignorante, tienen el mismo talante.
De tu dinero, no hagas a nadie cajero.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Lo malo sin maestro se aprende.
Con pan, hasta las sopas.
Recio llama a la puerta el que trae mala nueva.
Ropa que mucho se cepilla, pronto raidilla.
A más servir, menos valer.
Fiambre y fiado, saben bien, pero hacen daño.
Donde hay saca y nunca pon, presto se acaba el bolsón.
Lo que más se quiere, presto se pierde.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Es más vago que la quijá de arriba.
La pereza hace todas las cosas difíciles.
Al mal paso, darle prisa.
Hay muchos dispuestos a meter su cuchara en la sopa, pero pocos que quieran ayudar a cocinarla.
Más dañado que agua de florero.