Al mal encuentro, darle de mano y mudar asiento.
Reza, pero no dejes de remar.
Quien mocos envía, babas espera.
Buena es la justicia si no la doblara la malicia.
Abril, lluvias mil.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
Vida sin amigo, muerte sin testigo.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
No con quien naces, sino con quien paces.
Pedir es lícito, responder es cortesía.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
La riqueza es para el que la disfruta, y no para el que la guarda.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Nada es barato sin una razón.
Justo peca en arca abierta.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
La mejor caridad es la justicia para todos
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
Quien mal padece, mal parece.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
No hay provecho propio sin daño para otro.
No gozar para no sufrir, es la regla del buen vivir.
Ron, ron; tras la capa te andan.
El que da lo que tiene en vida, que coja la bolsa y pida.
Del avaro un solo bien se espera: que se muera.
Nada complicado da buen resultado.
Dios aprieta pero no ahoga.
Amor y señorío, no quieren compañía.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Del desconsuelo al consuelo no va ni un pelo.
No hay feria mala, lo que uno pierde otro lo gana.
Cada uno con su humo.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
A comida de olido, pago de sonido.
Dios perdona a quien su culpa llora.
Junio brillante, año abundante.
Foso y vallado, buen cercado.
El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
La alegría en el alma sana se cría.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Averiguelo, Vargas.
Hacer el primo.
El ruso tiene tres principios: quizá, de alguna manera, no importa.
Boi que remoe, nada lle doe Buey que rumia, nada le duele.
Ayudar al pobre es caridad; ayudar al rico, adular.
Lo más sabroso se alcanza, con Prudencia y con Constancia.