A hija casada, los yernos a la puerta.
Gallina que no pone huevos, al puchero.
Échale guindas a la tarasca y verás como las masca.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Cerner, cerner, y sacar poca harina.
Nadie extienda la pierna sino hasta donde la sábana llega.
A perro viejo no cuz cuz.
Cada cual a lo suyo.
Las palabra muestran el ingenio de un hombre, pero sus actos muestran su intención.
Para presumir hay que sufrir.
Trasnochar y madrugar no caben en un costal.
Cada quien, con su cada cual.
Boca cerrada, más fuerte es que muralla.
Beneficio recibido, dase muy luego al olvido.
Entre lo salado y lo soso está el punto sabroso.
Paloma que va volando no dice a dónde ni cuando.
Agua de turbión, en una parte pan y en otra non.
Fue sin querer...queriendo.
Mis hijos criados, mis cuidados doblados.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
Lo hablado se va; lo escrito, escrito está.
Hembra cobarde se casa mal y tarde.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Tanto ganado, tanto gastado.
Cuando mi madre esta en misa, yo bailo en camisa.
El que buen Norte tiene, seguro va y seguro viene.
Llegada la ocasión, el más amigo, el más ladrón.
El carro no avanza si no se engrasan las ruedas
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Tripa vacía, ni ilusión ni alegría.
Cada cosa pía por su compañía.
El que va a la bodega y no bebe, buena vez se pierde.
En enero castañero y en Febrero, correndero.
Repartiendo de l oajeno, ninguno es cicatero.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Recibido ya el daño, a tapar el caño.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
La noticia mala llega volando, la buena, cojeando.
Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.
Llegaron como las tortugas de Don Celso, después de la cuaresma.
Lo que no conviene no viene.
Aire gallego, escoba del cielo.
Mal ganado es de guardar doncellas y mozas para casar.
Las cosas bien pensadas, bien acertadas.
El muerto delante y la griteria atrás.
Hablar más que lora mojada.
La crianza es buena los trece meses del año
Cuenta tu pena a quien sabe de ella.
Ligero como el ave de San Lucas.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.