Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
Mira antes de saltar.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Amor y sabiduría no habitan en el mismo castillo.
Al buen amar, nunca le falta que dar.
Donde hay voluntad, hay un camino.
El hombre puede pasar por sabio cuando busca la sabiduría; pero si cree haberla encontrado es un necio.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
Incluso sin poder gatear quieres correr.
Pajaro que comió, voló.
Cada pez en su agua.
A la guerra, con la guerra.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
A la carne vino, y si es jamón, con más razón.
Con paciencia y con maña, un elefante se comió una araña.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Quien al mal árbol se arrima, mal palo le cae encima.
Al miedo plata; y al amor cariño.
Brizna en ayunas, y sin comer plumas.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
El que mucho corre, pronto para.
Se toca con los ojos y se mira con las manos.
Mas pronto cae un hablador, que un cojo.
Quien está detrás de los demás no pasa nunca delante
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
Gallina que al gallo espanta, córtale la garganta.
El agua corre, la arena queda; el dinero va, la bolsa queda; el hombre muere, el nombre queda.
Cuando se trate de damas, no te vayas por las ramas.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
El vino y la mujer se burlan del saber.
Fortuna te dé Dios, talento no.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Aunque tengas sesenta consejeros, aconséjate primero a ti mismo
Entre marido y mujer, nadie se debe meter.
Poda tarde y siembra temprano, si errares un año acertarás cuatro.
Mucho ayuda el que no estorba.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
En burlas ni en veras, con tu señor no partas peras; darte ha las duras y comerse ha las maduras.
Pasear llevando sobre los hombros una carga
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
No alabes ni desalabes hasta siete Navidades.
Ni cena sin vino, ni olla sin tocino.
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
Es estólido quien toma, la sátira como broma.