La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
El que fácilmente se enoja, hace locuras.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
Dios lo da y el diablo lo guisará.
Es inútil buscar amigos fuera de casa si no se cuida y respeta a los propios padres
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
Haz la noche, noche y el día, día y vivirás con alegría.
Lo que no se empieza no se acaba.
No des a guardar el fiambre, a quien vive muerto de hambre.
Al amigo y al caballo no apretallo.
Hay que subir la montaña como viejo para llegar como joven.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.
Un hombre con buen talento, vale por ciento.
Ni agradecido ni pagao.
Dios es la medida de todas las cosas.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
La mujer buena, inapreciable prenda.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
A picada de mosca, pieza de sabana. A poco pan, tomar primero.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
Piensa mal y acertarás, aunque alguna vez te equivocarás.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Hacer el agosto.
Ansias de grandeza y amistad no están nunca en sociedad
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Dale un golpe a todas las plantas y ninguna caerá
Caballo alquilado, nunca cansado.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Con jolgorio y veraneando, se va el tiempo volando.
Buen vino tras buen caldo, no tengo bastante boca para alabarlo.
Muerte, no te me Achégate, que estoy temblando de miedo.
Leerle a uno la cartilla.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
No compares el tocino con la velocidad.
Alábate pato que mañana te mato.
Hablando se saben las cosas, callando se ignoran.
Lo que va viene.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
Nadie regala nada a humo de pajas.
El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
Como quien no quiere la cosa, y la cosa queriendo.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
No es bueno huir en zancos.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.