Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
El llanto es el privilegio del hombre.
Dios nos coja confesados.
Hombre puritano, ni para ti ni para nadie.
De sabio hace gala quien no se admira de nada.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
El gusto de la alabanza a todos alcanza.
Cuando se pierde el honor, va todo de mal en peor.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
Hombre de pelo en pecho, hombre de dicho y hecho.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
La confianza es algo muy bonito, pero hay que ganarsela.
Variante: El trabajo ennoblece a quien lo hace.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
Donde hay nobleza, hay largueza.
La nobleza y los blasones, nada valen sin doblones.
La virtud hace nobles y el vicio innobles.
Buen ejemplo y buenas razones avasallan los corazones.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
La sed por el oro, socava el decoro.
Anda el hombre a trote por ganar su capote.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
Cuando el pobre se arremanga, hasta el culo se le ve.
A buena confesión, mala penitencia.
Culo veo, culo quiero.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Del favor nace el ingrato.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
La avaricia rompe el saco.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Harto da quien da lo que tiene.
Hay confianzas que dan asco.
El mayor desprecio es no hacer aprecio.
El que se brinda se sobra.
Al mal hecho, ruego y pecho.
La envidia es en el ruin lo que en el hierro el orín.
A Dios, lo que es digno de Dios; y a la cama, la sobrecama.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Daño merecido, no agravia.
El que no agradece, al diablo se parece.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Hombre muy escrupuloso, siempre será menesteroso.
El trabajo bien hecho da alegría en el pecho.
El hombre sin honra, más hiede que un muerto.
La necesidad tiene cara de hereje.