Los que se aferran a la vida mueren, los que desafían a la muerte sobreviven.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
De lo perdido, lo que aparezca.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
La confianza mata al hombre.
Hoy domingo y mañana fiesta, buena vida es esta.
Para bien morir, bien vivir.
Septiembre sereno, ni malo ni bueno.
En la amistad no se mira la obra sino la voluntad.
Amor, viento y ventura, poco dura.
En diciembre día templado, es que viene solapado.
Quien menos procura, alcanza más bien.
Negocios hay que están bien a las dos partes.
La belleza siempre tiene razón
Leña verde y gentejoven, todo es humo.
Cada día sale el sol, se vea o no.
La mucha tristeza es muerte lenta.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
La felicidad no es cosa de risa
Toda virtud está siempre entre dos vicios
El tiempo es un remedio que todo lo cura.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Date buena vida, temerás más la caída.
Puede suceder algo imprevisto de un momento a otro.
El mejor adorno es, la modesta sencillez.
Hoy por ti, mañana por mí
La mala suerte es pelota, que pega pero rebota.
No hay cuesta arriba sin cuesta abajo.
Todo lo mudable es poco estimable.
Donde no hay ventura, poco sirve la cordura.
Para prosperar, madrugar.
Variante: Buena es la tardanza, que hace la carrera segura.
Perder por probar al socio, nunca ha sido mal negocio.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Quien tiene dolencia, abra la bolsa y tenga paciencia.
La vida es un juego.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Amor, con amor se cura.
El que da lo que tiene, a pedir se queda o, a pedir se enseña.
Tras la fortuna guía el favor.
Allí hay verdadera amistad, do hay dos cuerpos y una voluntad.
Fondo salido, novio perdido ó solicito marido.
Raras veces hay seso en la prosperidad.
Los extremos nunca son buenos.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
Las malas noticias siempre tiene alas.
Qué bonita es la vergüenza, mucho vale y poco cuesta.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Una alegría compartida se dobla, mientras que una aflicción compartida se reduce a la mitad.