El mundo es una rosa, huélela y pásala a tu amigo
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Fácil es empezar y difícil continuar.
Bodega de buen olor, no ha menester pregón.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Si tienes que hacer el bien, fíjate antes a quién lo haces
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
Despacio, que llevo prisa.
Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra.
Dichoso el mes que entra con Todos los Santos y sale por San Andrés.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Es mejor que la ultima peseta la gane otro.
Cartera y reloj, el sueño del ladrón.
El que rompe viejo, paga nuevo.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
El hombre se tuerce; pero no se rompe.
Por San Martín, siembra el ruin, y la vieja que lo decía ya sembrado lo tenía.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
Casamiento por amores, no darán fruto esas flores.
¿Tienes té y vino? Tus amigos serán numerosos
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
¿Quién con una luz se pierde?
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Gran tocado y chico recado.
La mula reparando y le avientas el sombrero.
Donde mores no enamores.
Hacer ruido, para sacar partido.
Lo que se dá no se quita porque el diablo te visita.
El que mucho analiza, se martiriza.
La conciencia vale por cien testigos.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.
Amor hecho a la fuerza no vale nada
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
Creerse el papá de los helados.
Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
El trabajo del niño es poco, y el que lo desprecia un loco.
La mujer y la gaviota, cuanto más viejas más locas.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Papel, testigo fiel.
Antes de criticar, mírate la cola.
Del favor nace el ingrato.
No saber una jota.
Aunque mal pienses de cada uno, no digas mal de ninguno.
Cuando el alumno esté listo para aprender, un maestro aparecerá.