La buena obra, ella misma se loa.
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.
Es combate disparejo, el del tigre y burro viejo.
La conciencia es un estorbo en el comercio.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Estar armado hasta los dientes
Ládreme el perro y no me muerda.
Maldigo el diente que come la simiente.
El francés no es de natura si no prende al que se asegura.
Esto vale lo que un ojo de la cara.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
No hay atajo sin trabajo.
No me dijeron perro, pero me tiraron el hueso.
El yerro encelado, medio perdonado.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Las acciones gritan más fuerte que las palabras
No se hablar, y me mandas predicar.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
La soga se rompe por lo más fino.
No hay fiera más fiera que el que ingrato sea.
No hay guerra más hiriente que entre hermanos y parientes.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
Como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume.
Cuando uno no quiere, dos no barajan.
La zorra no se anda a grillos.
Dichas y quebrantos nos vienen de lo alto.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
La cuña que más aprieta, palo es de la misma horqueta.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Aseada aunque sea jorobada.
cuando señalas a alguien con tu dedo índice, hay tres dedos que te señalan a ti.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.
El ignorante es poco tolerante.
La ociosidad enseña muchas maldades.
Abogado en el concejo, hace de lo blanco negro.
Quien se quemare, que sople.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
Haz el mal y guárdate.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.