El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Nada tiene al que nada le basta.
El que se acuesta con niños, se levanta meado.
Mientras puedes estar sentado, no estés levantado.
En el acto de varar, manda la máquina parar.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Quien tiene la cabra, ese la mama.
A buen comedor, quitárselo de delante.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
El amor todo lo vence.
Estudiante que no estudia, en nada bueno se ocupa.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
Bien merece galardón quien roba a un ladrón.
No se nace caballero: hay que saber serlo.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
A quien labora, Dios lo mejora.
No te alabes antes de que acabes.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
La mujer es gente en la letrina.
Cuando llueve y hace sol, baila el perro y el pastor.
Todo en la vida tiene su medida.
Hacer la de Lucas Gómez; tu te la traes, tu te la comes.
No es amistad la que siempre pide y nunca da.
No tocar pito.
A hijo malo, pan y palo.
Mal ganado es de guardar doncellas y mozas para casar.
Quien promete amor eterno es porque desconoce los cuernos.
Ramal y bozal, para el animal.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
Reza, pero no dejes de remar.
Por dinero baila el perro y por pan si se lo dan, y no por el son que toca el ciego.
En este mundo traidor, de cagar nadie se escapa: caga el rico caga el rey, caga el obispo y el Papa.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Paga al contado y líbrate de cuentas chicas.
La rata avisada, no muerde carnada.
Quien ofende al amigo no perdona al hermano
Es el mismo perro, con diferente collar.
Aunque tu mujer haya cometido cien faltas, no la golpees ni con una flor.
A palabras vanas, ruido de campanas.
A quien te quiere merendar, almuérzatelo.
El que tenga la cola de zacate, que no se acerque a la lumbre.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
Quien cuando puede, no quiere; cuando quiere, no puede.
El triunfo de los crueles es breve
El bien hacer abre cien puertas, y el mal agradecer las cierra.