Jamón empezado, pronto mediado.
Cree el fraile que todos son de su aire.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Más tarde, los cuernos serán increíblemente especiales.
La mar que se parte, arroyos se hace.
Hay gustos que merecen palos.
Quien no se rebaja a hablar con cualquiera es porque esta al fondo aunque no lo quiera.
Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza.
Yo a vos por honrar, vos a mí por encornudar.
No hay nadie que se contente, con el olor solamente.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
El que come queso sin pelar, come mierda sin cesar.
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
Antes di que digan.
Cuanto más primo, más me arrimo.
Español rojo y alemán moreno, ninguno es bueno.
No digas en secreto lo que no quieras oír en público manifiesto.
El perro que mucho lame, chupa sangre.
Zozobra la verdad; más nunca ahogada la verás.
Ser un mordedor de pilares
La falta del amigo hase de conocer, no aborrecer.
Pan no mío, me quita el hastío.
Penas amargas, son menos largas.
El comer y el rascar no quieren más que empezar.
Ese huevito quiere sal
En amores: Corazones y en Empedradas: Zapatos.
No existe culo honrado solo existe culo mal trabajado.
Duerme, Juan, y yace, que tu asno pace.
Donde hay cariño, allí va el niño.
No hay moza fea ni moneda de oro que tosca sea.
Los extremos nunca son buenos.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
Sabemos del otoño cuando la hoja llega al moño.
A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.
Mala y engañosa ciencia es juzgar por las apariencias.
Las damas al desdén , parecen bien.
Mal ajeno, del pelo cuelga.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
Si la lengua erró, el corazón no.
Llenarle la cuenca a alguien.
Cuando veas las barbas de tu vecino arder... mete la tuya en remojo
A casa nueva, puerta vieja.
Contra el feo vicio de pedir, existe la noble virtud de no dar.
El follo del santo, no hiede tanto.