Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
En vida de nadie te metas que salen perdiendo las alcahuetas.
Abril hueveril; Mayo pajarero.
Castaña la primera y cuca la postrera.
Casa de esquina, para mi vecina.
De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Redondear la arepa.
Esto es de rompe y rasga.
¿Qué entiende el Conde de calar melones?.
Abad halagüeño, tened el cuello quedo.
Al mal hecho, ruego y pecho.
Por San Mateo, tanto veo como no veo.
De los burros, la destreza, no radica en la cabeza.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
No es noble quien lo es, sino quien lo sabe ser.
Hablar por la boca del ganso.
Los perros mueven el rabo no tanto a ti como a tu pan.
Al pez, una vez.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
Nuestro gozo en un pozo.
Hermosura sin talento, gallardía de jumento.
A quien buenos cojones tiene, lo mismo le da por lo que va como por lo que viene.
Para las verrugas, saliva en ayunas.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Moza franca, bien juega el anca.
Es cualquier baba de perico.
El hablar bien, poco cuesta.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Ni en pelea de perros te he visto
Rama larga, pronto se troncha.
Cuando aquí nieva, ¿qué hará en la sierra?.
A la bota, darla el beso después del queso.
La belleza y la tontería, van siempre en compañía.
Mallorquina, puta fina
Machete estáte en tu vaina, garabato en tu rincon.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
No falta de que reirse.
No hay más sordo, que quien no quiere oir.
Cada quien, con su cada cual.
Cuando no hay blanditas, le entramos a las duras.
Asno de gran asnedad, quien pregunta a una mujer su edad.
Hasta el saber rebuznar tiene su poquito que estudiar.
Para una vez que se bañó, hasta el culo se le vio.
Dádivas quebrantan peñas.
A pan ajeno, navaja propia.
Emborrachar la perdíz
Yo a vos por honrar, vos a mí por encornudar.
La mar que se parte, arroyos se hace.