A chica boca, chica sopa.
Al mal segador la paja estorba.
Más se consigue lamiendo que mordiendo.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
Más vale lidiar con la ruin bestia que llevarla a cuestas.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
Para curar el mordisco, babitas del mismo "pizco".
Más perdido que un moco en una oreja.
Conejo que bien corre, no lo asan.
Moza que con todos bromea, no se si lo es, pero quizás lo sea.
Lleno está el infierno de buenas intenciones.
Lo que en los libros no está, la vida te enseñará.
Gástate en juerga y en vino lo que has de dar a los sobrinos.
Más mal hay en la aldehuela del que suena.
El corazón en Dios y la mano donde se pueda.
Si tu vida es dulce, haz mermeladas.
Los perezosos se pasan la vida rascando la tripa a las cigalas.
Hijo ajeno, candela en el seno.
El que teme padecer padece ya lo que teme.
Al gallo que canta, le aprietan la garganta.
Con la misma vara que midas serás medido.
El tiempo aclara las cosas.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
Nadie sabe lo que vale el agua hasta que falta.
Más alta que un pino y más tonta que un gorrino.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
Por puerta abierta ladrones entran.
Comer sin apetito, hace daño y es delito.
¿Adónde irá el buey que no are?.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
Bollo de monja, costal de trigo.
Amor de amos, agua en cestos.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Donde hay humo no hay [[escarcha.
A Seguro se lo llevaron preso
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
El que dice la verdad, ni peca ni miente.
De sabios es cambiar de parecer.
De aquí a mañana, muchas horas hay.
Casa sin gobierno, disgusto eterno.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Dos por el conejo pelean, y llega el tercero y se lo lleva.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
Hoy arreboles, mañana soles.
Cornudo sois, marido; mujer, ¿quién te lo dijo?.
Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.