Mea a gusto y contento, pero por favor, ¡mea dentro!
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Viva cada cual como quisiere y yo como pudiere.
La mujer del ciego, ¿para quién se afeita?.
En el acto de varar, manda la máquina parar.
Esfuerzo de vago, barriguera rota.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
La honra y el provecho no duermen en el mismo lecho.
Asno con hambre, cardos come.
De casa que amanece a mediodía, guárdenos Dios y Santa María.
Quede al revés o al derecho, lo que se hizo ya está hecho.
Cuando pienses meter el diente en seguro, toparás en duro.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
Al buen día, métele en casa.
Pon y te llamaran gallina.
Buena barba, de todos es honrada.
Mujer, Huerta y Molina, piden uso de continuou.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
Dejadle correr, que él parará.
La costumbre vence a la ley.
Por San Miguel se cata la miel.
Bienes que ocasionan males, no son tales.
Abre la boca que te va la sopa.
Rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Un día es un día, y una paliza es un rato.
La mujer ha de saber, primero puta que buena mujer.
A borrica arrodillada, no le dobles la carga.
Casar, casar empieza bien y termina mal.
Mucho preito hace mendigo.
Qué bien canta María después de la comida.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
Dichosos los tiestos que salen a la botija.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
En dinero o en querer, mejor que mañana ayer.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Todo lo que es verdadero (lo que tiene raíz), dicen que no es verdadero (que no tiene raíz).
El buen vino resucita al peregrino.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.
Hay que poner tierra de por medio.
Todavía aguas corren profundamente.
La mujer y la sardina, cuanto más salada más dañina.
Hombre refranero, medido y certero.
A preñada, hasta que para, y a la parida, cada día.
Huye del mulo por detrás, del toro por delante, y de la mujer por todas partes.
A gana de comer, no hay mal pan.