La fortuna es un montoncillo de arena: un viento la trae y otro se la lleva.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Tener el juego trancado.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Dar carne al lobo.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
Quien hace una pregunta es ignorante cinco minutos; quien no la hace será siempre ignorante.
De cuentos suele irse a chismes.
El saber no ocupa lugar.
Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria.
La causa no justifica el motivo.
La amistad es de antimonio, solo la solda el demonio.
Hacer oídos de mercader.
Madre, casadme, aunque sea con un fraile.
Quien da consejo no pedido, se expone a perder el consejo y el amigo.
Agua, Dios, el vino en bota y las mujeres en pelota.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
Casa hecha, sepultura abierta.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
Una en el papo y otra en el saco.
Me importa un bledo.
Magra olla y gordo testamento.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Todo vale para el convento, y llevaba una puta al hombro.
Fue el hombre por maduro, y lo pusieron verde.
Pasado el tranco, olvidado el santo.
El mundo es de los audaces.
Al hombre honrado, todo lo cuesta caro.
A veces caza quien no amenaza.
Agua de mañana, o mucha o nada.
Quien no tiene enemigos, de nadie es conocido.
Buena será tu suerte, si mueres antes de que llames a la muerte.
Me extraña que siendo araña te caigas de la pared.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Buscar la vida conviene; que la muerte ella se viene.
El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura.
Al enemigo, ni agua.
De descansar, nadie murió jamás.
Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.
La conciencia vale por cien testigos.