El secreto de la vida no es hacer lo que quieras, sino querer lo que haces.
Obediencia es noble ciencia.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
La muerte, al pobre no se atreve.
El peligro que no se teme, más presto viene.
A mala suerte, envidia fuerte.
Al miedo plata; y al amor cariño.
Iglesia, o mar, o casa real.
Iglesia cerrada, ni culto ni nada.
La confianza mata al hombre.
El fraile, la horca en el aire.
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura.
El hombre discreto hace nacer más oportunidades que las que encuentra.
Amante atrevido, de la amada más querido.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
Juramento, juro y miento.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
El amor: todo lo sufre, todo lo espera.
Bien urde quien bien trama.
El río pasado, el santo olvidado.
Callando el necio, se hace discreto.
Hombre de dos caras, arredro vaya.
No te asombres por poca cosa.
Lo que sucede en la olla solo el cucharón lo sabe
Lo que no veo no existe, lo que no sé no es cierto.
La suerte no se detiene, y es péndulo que va y viene.
A muchos debe de temer aquel a quien muchos temen.
Llegar al humo de las velas.
Quien presta, no cobra; si cobra, no todo, y si todo, no tal, y si tal enemigo mortal.
Más vale callar y parecer tonto, que abrir la boca y despejar dudas.
Eso no te lo despinta nadie.
La justicia no corre, pero atrapa.
El necio cree que todo lo sabe.
Si quieres conocer a un hombre, no le mires; óyele.
A misa, no se va con prisa.
Siempre se le aparece la Virgen a los pastores.
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
Cuando toma cuerpo el diablo, se disfraza de fraile o de abogado.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
Nada sabe su violín y todos los sones toca
El pasajero se conoce por la maleta.
Necio es quien con necios anda.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
La vida pende de un hilo.
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.
El amor, la tos y el fuego, no pueden ser encubiertos.
Por la sotana del vicario sube la moza al campanario.