Durante la estación seca hay que hacerse amigo del dueño de la piragua.
Puta arrepentida, del Carmen vestida.
Dar puntadas.
El que apurado vive, apurado muere.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
El miedo guarda la viña.
Cada cual conoce el trote de su caballo.
La gallina de mi vecina siempre es más gorda que la mía.
Gato, rey y mujer, no saben agradecer.
Moro viejo no puede ser buen cristiano.
Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner.
Parto malo, e hija en cabo.
Cinco no son montón, pero siete ya lo son.
Agua fina saca la espina.
Colgar una cabeza de cordero y vender carne de perro.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Cuando se muere el gallo, la gallina a cualquier pollo se arrima.
El buen instrumento saca maestro.
La comida del hidalgo: poca vianda y mantel largo.
Quien siembra llorando, siega cantando.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
Nadie se mira su moco, pero sí el que le cuelga al otro.
Muchas gotas que caen entre la taza y los labios.
La sagre es más espesa que el agua.
Poco freno basta, para la mujer casta.
Muerte, no te me Achégate, que estoy temblando de miedo.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
Las abejas hacen la miel, y las moscas se la comen.
En larga jornada, la leve carga es pesada.